<<Intenté pegarte un tiro. Sin
éxito.>>
La
habitación se había convertido en un semi-espacio: sobre la mitad de la cama, la mitad de un
colchón de color anónimo que conservaba la mitad de las manchas de antiguos amores.
En una media mesita adosada a la pared, la
porción de un florero escupía pétalos al
aire.
Un gramófono o lo que queda de el emitía
sonidos grises y vacíos.
Sentado sobre el piso lo miraste fijamente.
Yo no había reparado en su presencia hasta que disparé y empezó a maullar en un tono lastimero cuando la bala quedó atrapada en una de las
órbitas de sus ojos.
Mi rostro estaba mojado de sudor y lágrimas.
Era media noche.
Carolina Pineda

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