martes, 8 de abril de 2014

Parece que va a llover

Amanda compra otra bolsita de maicillo para que su hija le dé de comer a las palomas, la niña está feliz, su carita vibra de emoción cuando las aves revolotean a su alrededor buscando el alimento. Las persigue, se carcajea, siente que tiene el poder para agarrar una; se le escapa, grita, corre, salta, le pide a la mamá: ¡más mamá, más!
    
Amanda, parada e inmóvil, vigila a la niña con la mirada, le sonríe pero está ausente, como siempre. Observa las primeras gotas llenar de pringuitas grises la plancha de cemento del parque central. Mira al cielo y se tranquiliza pues piensa que será un pasón de nube no más. Baja la mirada y no localiza a Natalia, un escalofrío le sacude el cuerpo. 
    
Corre, da vueltas, siente nausea, grita el nombre de la niña, el terror la paraliza a media calle, de donde solo la mueve trágicamente la camioneta 4x4 que a toda velocidad cruzaba en la sexta calle. A lo lejos se escucha a Natalia: ¡la agarré, mami, la agarré!



Angela Orellana

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